jueves, 11 de noviembre de 2010

Sabia que no debía caer en la tentacion. Lo sabia y sin embargo me deje llevar.
Si hay algo que no hago, es seguir consejos. Los escucho, los proceso, los acepto, pero nunca los sigo.
Y esta vez no iba a ser la excepción a la regla.
El sabor de lo prohibido, de aquello que " no debemos hacer", gusta y mucho.
Empezamos el juego. Aceptamos las reglas. Solo que me olvide de un detalle: las reglas del juego las había escrito él a su medida, a su conveniencia. Y yo como siempre tan ingenua, tan crédula de todo, tan ansiosa me invente unas reglas paralelas, que nada tenían que ver con las suyas.
Hubo risas, besos y miradas cómplices.
Pero como en todo juego, siempre alguien termina perdiendo.
No sabe ni esta enterado que como buena espía que soy, sé de sus mentiras. Y eso me retiene, me crea incertidumbre, me ata.
Elegimos caminos distintos. Acertados o no, quien sabe. Lo que si sé, es que de apoco nos vamos acercando al fin del juego. Pero esta vez sí, el game over, lo digo yo.

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